Les pasó el dato: se ha publicado nuestro libro en comic en la red de los poetas salvajes donde participo con el cuento de Celpashida, el link es el que aparece en mi lista de contactos y descargar el libro en pdf es totalmente gratis. Por favor apoyen a la red de editoriales en línea.
domingo 4 de enero de 2009
BALADA DE LOS ONÍRICOS
La niña luna entró por la ventana con cachetes de sonrisa y una estrella de Pissis como arete. Sobre ella, teñía su lira el triste Orfeo, regalando viento bañado de poesía a los oídos insaciables que todo lo convertían en palabras prohibidas. Los muslos-serpientes danzaban entrelazando sus cuellos y azotándose contra la seda en interminable cópula. El amor dolía al fundir de los pechos, despidiendo un vapor como el del mar hirviente; dolía cuando ese niño gigante y fornido disparaba sus flechas contra los pechos y los corazones se abrían como rosas sin botón; dolía porque los gemidos ya no encontraban el aire para vivir y era tarde para detener el tiempo; dolía por ser amor inasible, acuoso, que se escapaba de las manos.
Todos los sátiros reían al tocar los pechos de la Venus de Milo, y brincaban acariciando sus barbas en busca de las linfas. Celebraban el amor. Las luciér-hadas se masturbaban al contemplar aquellos cuerpos salinos, y cada destello de luz era un orgasmo; ya luego, extasiadas, temblantes, morían sobre el suelo de pétalos. Las ménades lamían al centauro Ixhión dándole frutos de vid en su boca, y éste acariciaba sus cabellos con la sonrisa de un padre incestuoso. Todos agradecían su existencia a los amantes, incluso los espejos que grababan el mejor perfil para convertirlo en piedra. El amor era un sueño de dos: ella se convertía en cascada y le inundaba primate, él era serpiente y la perseguía liebre. Los gusanos, fieles criaturas de Cronos, median el tiempo con sus pasos, pero ninguna porción bastaba; el amor, ya se sabe, no es cosa entre dos puntos, es cosa de infinitos. Él propuso ónices de fuego; ella, tortugas en la mar, terminaron lagartijas, una sobre otra.
Aquellos cuerpos eran un rompecabezas armable de mil formas, todas incorruptibles y todas correctas; dos llamas que juntas hacían un fuego más grande; dos almas que morían de mil formas sin poder detener la muerte. Y era una que, herido el pecho del amante, dejaba escapar dolores-hormiga por la herida abierta. Entonces ella, por aliviar su dolor, le sacó el corazón-manzana elevándolo y apretándolo entre sus manos para que toda la sangre escurriera sobre su boca; y después, en un acto tan sublime como la muerte, mordió aquel fruto delicioso y arrancó la carne para sus fauces; comprendió el dolor: sintió dentro de su pecho el calor del amante (que moría y seguía muriendo) y el deseo de morir junto a él se hizo un dios de bello rostro al que quiso venerar, ¡pero no! No en esos momentos, pues ¿acaso no faltaban por vivir (revivir) las cosas más inexploradas del mundo? Sí, ¡y vaya que les faltaba tiempo! Por eso, en lugar de acelerar la extinción del Universo, besó la sobrante tercera parte del corazón y lo frotó entre sus manos. Ese pedacito comenzó a latir y a crecer y a regenerarse y a expandir sus venas como el árbol que quiere alcanzar el sol y el centro de la tierra. Volvió a su dueño, volvió a la sangre… Él sonreía a la vida; y ella, con el cuerpo arqueado, pudo ver por un instante la luz de Shabda, y suspiró tratando de asir aquella imagen divina para siempre. ¿Era un soñar despiertos o era un despertar siendo sueño? ¡Qué importa! La orquídea nacía en el bosque de los vientres: blanca, dormida, brillante… Intercambiaron las cuencas de sus ojos para poder mirarse con el amor del otro, y su corazón se llenó de alegría al ver que eran iguales y no había una sola razón para no desear la locura del mundo. Ella acariciaba sus cabellos y hacía círculos concéntricos en su ombligo: el centro del Universo, mientras la mano-araña del amante caminaba por el vientre de la amada y le mordía. Los ojos dieron luz a los cuerpos y se contemplaron largo rato, pasmados sin pensar en el inservible tiempo. Y el silencio habló, no porque no hubiese algo que decir, sino porque no bastaban las palabras para cantar toda, la inalcanzable, vastedad del Universo.
Guillermo Arroyo Jiménez, Ciudad de México, 02/10/08
Todos los sátiros reían al tocar los pechos de la Venus de Milo, y brincaban acariciando sus barbas en busca de las linfas. Celebraban el amor. Las luciér-hadas se masturbaban al contemplar aquellos cuerpos salinos, y cada destello de luz era un orgasmo; ya luego, extasiadas, temblantes, morían sobre el suelo de pétalos. Las ménades lamían al centauro Ixhión dándole frutos de vid en su boca, y éste acariciaba sus cabellos con la sonrisa de un padre incestuoso. Todos agradecían su existencia a los amantes, incluso los espejos que grababan el mejor perfil para convertirlo en piedra. El amor era un sueño de dos: ella se convertía en cascada y le inundaba primate, él era serpiente y la perseguía liebre. Los gusanos, fieles criaturas de Cronos, median el tiempo con sus pasos, pero ninguna porción bastaba; el amor, ya se sabe, no es cosa entre dos puntos, es cosa de infinitos. Él propuso ónices de fuego; ella, tortugas en la mar, terminaron lagartijas, una sobre otra.
Aquellos cuerpos eran un rompecabezas armable de mil formas, todas incorruptibles y todas correctas; dos llamas que juntas hacían un fuego más grande; dos almas que morían de mil formas sin poder detener la muerte. Y era una que, herido el pecho del amante, dejaba escapar dolores-hormiga por la herida abierta. Entonces ella, por aliviar su dolor, le sacó el corazón-manzana elevándolo y apretándolo entre sus manos para que toda la sangre escurriera sobre su boca; y después, en un acto tan sublime como la muerte, mordió aquel fruto delicioso y arrancó la carne para sus fauces; comprendió el dolor: sintió dentro de su pecho el calor del amante (que moría y seguía muriendo) y el deseo de morir junto a él se hizo un dios de bello rostro al que quiso venerar, ¡pero no! No en esos momentos, pues ¿acaso no faltaban por vivir (revivir) las cosas más inexploradas del mundo? Sí, ¡y vaya que les faltaba tiempo! Por eso, en lugar de acelerar la extinción del Universo, besó la sobrante tercera parte del corazón y lo frotó entre sus manos. Ese pedacito comenzó a latir y a crecer y a regenerarse y a expandir sus venas como el árbol que quiere alcanzar el sol y el centro de la tierra. Volvió a su dueño, volvió a la sangre… Él sonreía a la vida; y ella, con el cuerpo arqueado, pudo ver por un instante la luz de Shabda, y suspiró tratando de asir aquella imagen divina para siempre. ¿Era un soñar despiertos o era un despertar siendo sueño? ¡Qué importa! La orquídea nacía en el bosque de los vientres: blanca, dormida, brillante… Intercambiaron las cuencas de sus ojos para poder mirarse con el amor del otro, y su corazón se llenó de alegría al ver que eran iguales y no había una sola razón para no desear la locura del mundo. Ella acariciaba sus cabellos y hacía círculos concéntricos en su ombligo: el centro del Universo, mientras la mano-araña del amante caminaba por el vientre de la amada y le mordía. Los ojos dieron luz a los cuerpos y se contemplaron largo rato, pasmados sin pensar en el inservible tiempo. Y el silencio habló, no porque no hubiese algo que decir, sino porque no bastaban las palabras para cantar toda, la inalcanzable, vastedad del Universo.
Guillermo Arroyo Jiménez, Ciudad de México, 02/10/08
domingo 29 de junio de 2008
Dalí
I
¡Oh, Gala mía!
Ahora que tus esferas se han difuminado por el Universo
me pregunto por qué mi corazón no explota también en mil pedazos
y te persigue.
II
Mona Lisa de Dalí
¿dónde tu misterio
en tu sonrisa o en tus bigotes?
III
Los relojes-gelatinas se deshacen
el tiempo se detiene
el espacio se congela
Cuando el tiempo pierda su esencia…
¡Oh, Gala mía!
Ahora que tus esferas se han difuminado por el Universo
me pregunto por qué mi corazón no explota también en mil pedazos
y te persigue.
II
Mona Lisa de Dalí
¿dónde tu misterio
en tu sonrisa o en tus bigotes?
III
Los relojes-gelatinas se deshacen
el tiempo se detiene
el espacio se congela
Cuando el tiempo pierda su esencia…
(se detenga completamente)
¡Será la eternidad!
IV
No estoy loco
¡No estoy loco!
¡¡No estoy loco!!
¡¡NO ESTOY LOCO!!
¡¡¡NO ESTOY LOCO!!!
V
Falos, nalgas, falos, nalgas
vírgenes desnudas
La genialidad es primeramente y ante todo
perversa.
VI
Hay un dolor en sus huesos
en su caminar deforme
en su dormir incierto
¿cómo aliviarles?
¿en qué cajón se encontrará el corazón de estos seres andróginos?
VII
¡Alo!
Y en toda esta soledad no hay quien conteste la llamada.
VIII
Peladores de papá cogiendo
Peladores de papá reprimidos
¿qué imagen nos gusta más?
IX
¿Qué tentaciones, qué pesadillas
qué tortuoso pasado
cargaran esos elefantes-jirafa
para que San Antonio
se doblegue?
X
¿Cuánta hambre tendrán las hormigas que hasta el tiempo se comen?
XI
Luna cortada por una nube
pupila cortada por una navaja
De cualquier forma
no puedo ver ya la luz de la luna.
XII
Cuarto
ventana
mujer de espaldas
mar:
la soledad de mi hermana.
XIII
La abeja sueña una granada
la granada un pez
el pez un tigre
el tigre un Universo
En el Universo otros tigres
escopetas
un elefante-jirafa
y la quietud del mar
Veo tu cuerpo desnudo, ¡Oh Gala!
bañado de placer
Yo soy la abeja.
Guillermo Arroyo Jiménez, Ciudad de México 29/06/2008
Exageracionismo
Literatura destroyer
¡Será la eternidad!
IV
No estoy loco
¡No estoy loco!
¡¡No estoy loco!!
¡¡NO ESTOY LOCO!!
¡¡¡NO ESTOY LOCO!!!
V
Falos, nalgas, falos, nalgas
vírgenes desnudas
La genialidad es primeramente y ante todo
perversa.
VI
Hay un dolor en sus huesos
en su caminar deforme
en su dormir incierto
¿cómo aliviarles?
¿en qué cajón se encontrará el corazón de estos seres andróginos?
VII
¡Alo!
Y en toda esta soledad no hay quien conteste la llamada.
VIII
Peladores de papá cogiendo
Peladores de papá reprimidos
¿qué imagen nos gusta más?
IX
¿Qué tentaciones, qué pesadillas
qué tortuoso pasado
cargaran esos elefantes-jirafa
para que San Antonio
se doblegue?
X
¿Cuánta hambre tendrán las hormigas que hasta el tiempo se comen?
XI
Luna cortada por una nube
pupila cortada por una navaja
De cualquier forma
no puedo ver ya la luz de la luna.
XII
Cuarto
ventana
mujer de espaldas
mar:
la soledad de mi hermana.
XIII
La abeja sueña una granada
la granada un pez
el pez un tigre
el tigre un Universo
En el Universo otros tigres
escopetas
un elefante-jirafa
y la quietud del mar
Veo tu cuerpo desnudo, ¡Oh Gala!
bañado de placer
Yo soy la abeja.
Guillermo Arroyo Jiménez, Ciudad de México 29/06/2008
Exageracionismo
Literatura destroyer
miércoles 18 de junio de 2008
Ollis Pollibius
He estado muerto casi toda mi vida; vivo, sólo una vez, pero una bastó para no querer ser feliz nuevamente. La caída es demasiado abrupta, como lanzarse a un precipicio sin fondo. Estoy mejor así: solo, viendo pudrir mis huesos con este virus inefable, sintiendo gusanos y hormigas cavar mis músculos, dejando únicamente, e intactas, las pupilas.
Aquella tarde lo dejé bien claro: “Si entras, nunca más podrás salir”, no me creíste. No sé que intentaste desafiando mi soledad, mi muerte... No lo sé. Recuerdo tomaste mi corazón de un frasco, duro como el hierro por el formol, y lo frotaste contra tu pecho. Cuando me lo hundiste empezó a latir, bombeando plasma a todo mi cuerpo. Abrí mis ojos, vi los tuyos, y así nos quedamos hasta que cayó la noche.
Andrómeda brilló en ciudades de ensueño, únicamente dibujadas en tus caderas, bellos mapas que enseñaban ciencias ocultas, magia. Y descubrí, vello por vello y noche tras noche, la alquimia de la resurrección. Mi pelo creció, negro, crespo; surgieron mis dientes, verdes al principio, blanqueados con fluoruro después; mis uñas se enroscaron en mis manos y la vida fluyó en mí en forma de sudor, mocos, semen... Poco a poco en ese renacer sentí como las mariposas salían de mi boca, de mis orejas, de mi ombligo, incluso de mis poros se abrían paso a la libertad; había vida dentro de mí, luego el frío congelaba sus alas y si podían se iban a morir al baño.
No quedó un lugar sin besar, un camino sin morder, una frontera que rasgar, lo hice todo, absolutamente todo: amarte, humillarte, odiarte... Siempre en la misma cama, hasta que sólo quedó tu piel seca, salada por las lágrimas. Fue entonces que desesperados, tus ojos gritaron a los vientos que vinieran por ti. Más rápido llegó un triste pegaso que quería conocer el mundo y tú le dijiste que se lo mostrarías montada en sus ancas. Entonces te comprimí en una cámara de vacío, celoso, no quería que ni siquiera el aire te tocara, y vigilé con mi alabarda, parecido a los guardianes de la Persia, tu refugio. No sirvió de nada. Una vez que me quedé dormido rompió el cristal, se llevó tu alma y dejó un recuerdo de huesos sin sentido.
Ahora que lo pienso no me duele tanto tu ausencia, no me eres indispensable después de todo, ¡no!, créeme que no, ya he estado muerto por mucho tiempo y sé que puedo soportarlo; lo único que me molesta realmente, hasta el hartazgo, es este olor de tu cuerpo pudriéndose junto al mío.
Guillermo Arroyo Jiménez, México, DF. 19/06/08
EXAGERACIONISMO
Literature for destruction
Aquella tarde lo dejé bien claro: “Si entras, nunca más podrás salir”, no me creíste. No sé que intentaste desafiando mi soledad, mi muerte... No lo sé. Recuerdo tomaste mi corazón de un frasco, duro como el hierro por el formol, y lo frotaste contra tu pecho. Cuando me lo hundiste empezó a latir, bombeando plasma a todo mi cuerpo. Abrí mis ojos, vi los tuyos, y así nos quedamos hasta que cayó la noche.
Andrómeda brilló en ciudades de ensueño, únicamente dibujadas en tus caderas, bellos mapas que enseñaban ciencias ocultas, magia. Y descubrí, vello por vello y noche tras noche, la alquimia de la resurrección. Mi pelo creció, negro, crespo; surgieron mis dientes, verdes al principio, blanqueados con fluoruro después; mis uñas se enroscaron en mis manos y la vida fluyó en mí en forma de sudor, mocos, semen... Poco a poco en ese renacer sentí como las mariposas salían de mi boca, de mis orejas, de mi ombligo, incluso de mis poros se abrían paso a la libertad; había vida dentro de mí, luego el frío congelaba sus alas y si podían se iban a morir al baño.
No quedó un lugar sin besar, un camino sin morder, una frontera que rasgar, lo hice todo, absolutamente todo: amarte, humillarte, odiarte... Siempre en la misma cama, hasta que sólo quedó tu piel seca, salada por las lágrimas. Fue entonces que desesperados, tus ojos gritaron a los vientos que vinieran por ti. Más rápido llegó un triste pegaso que quería conocer el mundo y tú le dijiste que se lo mostrarías montada en sus ancas. Entonces te comprimí en una cámara de vacío, celoso, no quería que ni siquiera el aire te tocara, y vigilé con mi alabarda, parecido a los guardianes de la Persia, tu refugio. No sirvió de nada. Una vez que me quedé dormido rompió el cristal, se llevó tu alma y dejó un recuerdo de huesos sin sentido.
Ahora que lo pienso no me duele tanto tu ausencia, no me eres indispensable después de todo, ¡no!, créeme que no, ya he estado muerto por mucho tiempo y sé que puedo soportarlo; lo único que me molesta realmente, hasta el hartazgo, es este olor de tu cuerpo pudriéndose junto al mío.
Guillermo Arroyo Jiménez, México, DF. 19/06/08
EXAGERACIONISMO
Literature for destruction
lunes 16 de junio de 2008
Ironías
I
El dinero destruye; yo quiero ser devastado.
II
Me hieren tus miradas, las que nunca pude robar por un segundo.
III
Me gusta la muerte, la disfruto cada instante de mi vida.
IV
¡Soy muy malo, jaja, qué malo soy! ¡He matado un mosquito!
V
Muéranse todos los actuarios, menos yo.
VI
No lo deseo, pero ojala mueras.
VII
Te torturé porque me llamaste inhumano.
VIII
Por favor, no mueras, aún quiero verte sufrir.
IX
¡Oh Bella, en verdad te amé tanto!; dejaré tu corazón para el postre.
X
Que me maten de amor las putas; ya no quiero vivir.
Guillermo Arroyo Jiménez Tequisquiapan, Qro. 16/06/08
EXAGERACIONISMO
Literatura destroyer
martes 10 de junio de 2008
Poeta México-colombiano Meme Rocha, poemas;
A LAS ORILLAS DE UN ACANTILADO, CALIFORNIA
Justo en la arena donde me come un faro
me comen las aves
me come el mar
con los ojos morados de golpes
me come el mar piltrafa y sucio
me comen esas nubes o los rizos caballos de sal galopando
y subo por peldaños de roqueríos
y el mar y el mar
que siempre me abrió sus sábanas
como un lirio que sangra del fango
y del barro y de las piedras
un hombre con un lirio en los ojos
nada bajo las algas
es el mar que me mira
es el mar con su corazón
su corazón lirio de abismos en la profundidad
OTROS POEMAS
XVII

XVIII
Justo en la arena donde me come un faro
me comen las aves
me come el mar
con los ojos morados de golpes
me come el mar piltrafa y sucio
me comen esas nubes o los rizos caballos de sal galopando
y subo por peldaños de roqueríos
y el mar y el mar
que siempre me abrió sus sábanas
como un lirio que sangra del fango
y del barro y de las piedras
un hombre con un lirio en los ojos
nada bajo las algas
es el mar que me mira
es el mar con su corazón
su corazón lirio de abismos en la profundidad
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